Hacia una educación del ocio
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Fecha:
1963Publicado en:
Revista de educación. 1963, n. 152 ; p. 99-102Resumen:
Estudio acerca de la correcta educación del ocio. Se considera que la misma palabra ocio parece hoy despojada corrientemente de su más pura esencia originaria. Etimológicamente el ocio, en latín otium, es reposo, al igual que en griego schola, palabra de la que procede el vocablo escuela. Por tanto de nuestra palabra escuela podemos ver una primera acepción de ocio destinado a un reposado cultivo del espíritu. Por el contrario, la negación del ocio, que en latín es nec-otium, significa negocio, esto es, el quehacer, el trabajo. Se plantea si el hombre ha pensado en la necesidad de su preparación para gozar con plena dignidad de la conquista del ocio. La respuesta es que no solamente no ha ido paralela nuestra educación para el ocio, sino que casi se ha quedado relajada con respecto a otras épocas, acaso también porque al ritmo de los más recientes avances de la técnica y del maquinismo, se han apagado o adormecido ciertos valores espirituales del hombre, a la vez que se han ido acrecentando en él afanes cada vez más insaciables de evasión, de separación de si mismo, esto es, de diversión. Se considera que con ello se cae en torpe o anodina ociosidad, e incluso en que no se llegue a sentir la apetencia de tener horas de ocio. La solución que se propone es, a la vez de enseñar a estudiar, y a trabajar, y a pensar, enseñar también a divertirse. Debemos humanizar al hombre masificado y deshumanizado, para que vuelva a sentirse plenamente hombre. Es preciso llegar hacia la conquista de un ocio que se valore y se saboree, una vez que se haya enseñado a consumirlo inteligentemente. Porque el del ocio, en suma, como tantos otros problemas de urgente y necesaria solución, es una cuestión de educación individual y colectiva. Como conclusión se señala que hay que ir, por consiguiente hacia un auténtico y reflexivo afán de felicidad, hacia una educación del ocio para gozar de lo que, usando una expresión latina, llamaríamos ocio con dignidad.
Estudio acerca de la correcta educación del ocio. Se considera que la misma palabra ocio parece hoy despojada corrientemente de su más pura esencia originaria. Etimológicamente el ocio, en latín otium, es reposo, al igual que en griego schola, palabra de la que procede el vocablo escuela. Por tanto de nuestra palabra escuela podemos ver una primera acepción de ocio destinado a un reposado cultivo del espíritu. Por el contrario, la negación del ocio, que en latín es nec-otium, significa negocio, esto es, el quehacer, el trabajo. Se plantea si el hombre ha pensado en la necesidad de su preparación para gozar con plena dignidad de la conquista del ocio. La respuesta es que no solamente no ha ido paralela nuestra educación para el ocio, sino que casi se ha quedado relajada con respecto a otras épocas, acaso también porque al ritmo de los más recientes avances de la técnica y del maquinismo, se han apagado o adormecido ciertos valores espirituales del hombre, a la vez que se han ido acrecentando en él afanes cada vez más insaciables de evasión, de separación de si mismo, esto es, de diversión. Se considera que con ello se cae en torpe o anodina ociosidad, e incluso en que no se llegue a sentir la apetencia de tener horas de ocio. La solución que se propone es, a la vez de enseñar a estudiar, y a trabajar, y a pensar, enseñar también a divertirse. Debemos humanizar al hombre masificado y deshumanizado, para que vuelva a sentirse plenamente hombre. Es preciso llegar hacia la conquista de un ocio que se valore y se saboree, una vez que se haya enseñado a consumirlo inteligentemente. Porque el del ocio, en suma, como tantos otros problemas de urgente y necesaria solución, es una cuestión de educación individual y colectiva. Como conclusión se señala que hay que ir, por consiguiente hacia un auténtico y reflexivo afán de felicidad, hacia una educación del ocio para gozar de lo que, usando una expresión latina, llamaríamos ocio con dignidad.
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